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La Coctelera

consumoresponsable

Categoría: Opinión

5 Abril 2007

En el comercio justo no todo vale

Al hablar de comercio justo ya no podemos referirnos a una perspectiva única del mismo. Si hasta hace pocos años prevalecía, en el Estado español, una sola visión del comercio justo dominada por las principales organizaciones que trabajaban este tema, la consolidación del movimiento y el planteamiento de nuevos debates ha generado otra perspectiva que trasciende la visión tradicional.
Esther Vivas, Xarxa de Consum Solidari

En estos momentos, el discurso único centrado en la producción en origen y en la necesidad de aumentar las ventas, como vía para ayudar a "los más pobres", se ha puesto en cuestión.

A medida que el movimiento ha ido creciendo y evolucionando ha aparecido otro enfoque que, partiendo de la definición tradicional, ha ido más allá señalando que el comercio justo es mucho más que un acto de ayuda. Se trata de una perspectiva que rompe con un análisis estrictamente "asistencialista" y que plantea un modelo de comercio justo transformador, oponiéndose a la venta de sus productos en grandes superficies y rechazando su uso como instrumento de márketing empresarial.

Dos polos de referencia

Así, se han ido configurando, a grandes rasgos, dos polos de referencia en el movimiento del comercio justo. Uno que podríamos denominar como tradicional y dominante, que parte de una definición del comercio justo basada en los criterios de producción en origen establecidos por este movimiento y cuenta con un discurso institucional y políticamente dominante, y otro que podemos llamar global y alternativo, que va más allá de esta perspectiva tradicional y que cuenta con una visión integral del comercio justo (desde la producción en origen hasta su distribución y venta final), y que establece alianzas con sectores del movimiento altermundialista.

Entre las organizaciones que lideran el polo tradicional y dominante destacaríamos a la mayor organización en el movimiento del comercio justo: Intermón Oxfam, la principal importadora y la que cuenta con más recursos económicos, seguida por la mayoría de importadoras y algunas o­nG, quienes comparten en mayor o menor medida su discurso. Es este polo el que ha impulsado uno de los instrumentos más polémicos en el sector, el sello del comercio justo. Una iniciativa promovida por un conjunto de organizaciones del movimiento como Alternativa 3, Cáritas, Setem, Intermón Oxfam, IDEAS... y que se enmarcan claramente en este polo de referencia.

En el polo "global y alternativo" encontramos pequeñas tiendas, puntos de venta, algunas importadoras y o­nG que se coordinan en el marco del Espacio por un Comercio Justo, como la Xarxa de Consum Solidari, Sodepaz, Espanica, A Cova da Terra, Picu Rabicu, Red de Comercio Justo de Castilla la Mancha, La Ceiba, Aldea del Sur, entre otras, y que muestran una total oposición al sello del comercio justo y a la venta de estos productos en grandes superficies.

La soberanía alimentaria

Otro de los elementos que diferencian a las organizaciones del polo global y alternativo de las del tradicional y dominante es la vinculación que las primeras hacen del comercio justo con la soberanía alimentaria, el derecho de los pueblos a decidir sus políticas agrícolas y alimentarias. Una postura que significa desmarcarse de una concepción asistencialista del comercio justo, como una mera transferencia económica Norte-Sur, y que implica que estos mismos criterios de justicia social se apliquen en nuestras actividades comerciales aquí (comercio justo Norte-Norte) y en los intercambios llevados a cabo en los países del Sur (comercio justo Sur- Sur). De este modo, no tiene sentido importar productos bajo unos criterios de comercio justo si éstos ya se elaboran aquí con componentes sociales y ecológicos equivalentes (como es el caso de la miel, el aceite o el vino).

En este sentido, el sector global y alternativo se siente partícipe del movimiento altermundialista y establece sólidas alianzas con algunos de sus actores claves como Vía Campesina. A la vez que trabaja junto a agricultoras/es y consumidoras/ es en campañas contra los transgénicos, a favor de la reforma agraria y de la producción agroecológica... vinculando el comercio justo a la defensa de la de la tierra, de las semillas y a la promoción de los circuitos cortos y el comercio de proximidad.

No a los supermercados

Otro de los elementos que diferencian a las organizaciones de ambos polos es el análisis que realizan respecto qué es y qué no es comercio justo y la relación que establecen con las grandes cadenas de distribución, así como su postura respecto a la venta de estos productos en las mismas.

Desde una óptica global y alternativa, el comercio justo no puede limitarse tan sólo a que un producto cumpla una serie de condiciones en la producción en origen. El comercio justo es mucho más que un listado de criterios, es todo un proceso comercial que incluye un amplio abanico de actores que participan en éste de principio a fin: campesinas/ os, productoras/es, transformadoras/ es, vendedoras/es, compradoras/es... Tan importante es dónde, quién y cómo se produce que dónde, quién y cómo se vende y se compra. Desde este punto de vista, se rechaza la venta de productos de comercio justo en grandes superficies y cadenas comerciales, quienes utilizan estas ventas como una estrategia de limpieza de imagen.

Las organizaciones que conforman el polo tradicional y dominante consideran que vender comercio justo en grandes cadenas y supermercados ayuda a difundir el concepto y a aumentar las ventas, lo cual significa más ayuda para los productores en el Sur. Pero el comercio justo no se limita a comprar y a vender más productos, aumentar las ventas a costa de comercializar estos productos en hipermercados y supermercados no ayudará a los pequeños productores del Sur sino, contrariamente, sólo beneficiará a las empresas multinacionales. No debemos olvidar que éstas venden una ínfima parte de sus mercancías de comercio justo, mientras que sus beneficios provienen de la venta de una mayoría de productos elaborados en base a la explotación de las y los productores, del abuso del medio ambiente y de la precarización de las condiciones laborales de las y los trabajadores.

Desde el sector global y alternativo consideramos que en el comercio justo no todo vale, que un comercio verdaderamente justo sólo será posible en un sistema político, económico y social que rompa con las políticas neoliberales. En un capitalismo de rostro humano en el que las desigualdades sean más sostenibles el comercio justo no tendrá cabida. En nuestras manos está escoger por qué modelo apostamos

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21 Marzo 2007

Consumo responsable: ¿responsabilidad de quién?

ALAVA

Tribuna Abierta.
por santiago lesmes zabalegui


ANALIZAR las problemáticas sociales y ambientales en nuestro país resulta poco o nada alentador.
Ciñendo la comparación a la Unión Europea de los 15, poseemos la mayor tasa de precariedad y de
siniestralidad laboral, encabezamos el penoso ranking de incumplimiento del protocolo de Kyoto, y nos
situamos a la cola en cuanto a protección social, lo que significa que el 18% de la población (sobre) viva
por debajo del umbral de la pobreza. Si miramos más allá de nuestras preocupaciones y observamos a
los países empobrecidos, el panorama adquiere una crudeza que sonroja.
La lista sería demasiado extensa y la buena noticia es… precisamente que sea noticia, ya que esta situación
empieza a conformar la agenda política, siendo el consumo responsable una de las propuestas más significadas.
"Es la economía estúpidos", fue una célebre frase de Bill Clinton en la carrera presidencial y que nos da la pista -sin ánimo de ofender- para entender su sentido, ya que abordar cualquier solución, sea local o global, sin intervenir en el mercado
y la economía, supondrá un fracaso desde el mismo punto de partida.
La sostenibilidad no es una competencia exclusiva, y otra de sus virtudes se basa en la multiplicidad de agentes
que podemos consumir con responsabilidad: ciudadanos y ciudadanas, Administraciones Públicas y las propias
empresas, con lo cual respondemos ya a la pregunta del título. El concepto clave es la corresponsabilidad,
y mediante el consumo podemos establecer sinergias entre todas las partes, acercándonos a la idea del territorio
socialmente responsable.
No somos espectadores acríticos, sino que la sociedad podemos producir significativos cambios actuando como
consumidores. Baste citar que según el Informe Fonética 2006, nueve de cada diez consumidores dejarían de
comprar a compañías socialmente reprochables y que un 61 por ciento es proclive a adquirir productos responsables.
Lamento decir que esta encuesta refleja más intenciones que prácticas, pero es cierto que se trata de un creciente
aviso a navegantes.
El segundo desafío lo encontramos en un verdadero despliegue de la Responsabilidad Social de las Empresas (RSE). Necesitamos empresas que no limiten su finalidad al lucro, sino involucradas en las condiciones laborales, el
medioambiente, la igualdad de oportunidades, la erradicación de la pobreza o el desarrollo local.
Está demostrado que las empresas responsables mejoran su reputación e imagen de marca, fidelizan y acceden
a nuevos clientes e inversores, retienen y captan el talento profesional, e incrementan la productividad debido a la
satisfacción de sus trabajadores. En consecuencia es lógico que las empresas actúen responsablemente en su política
laboral, en la exigencia de estándares de derechos humanos a sus proveedores, y que contraten o subcontraten
productos y servicios con empresas de inserción y solidarias o de comercio justo. ¿Asumen las empresas la RSE por
marketing o por convicción? Sinceramente no tengo un polígrafo y no debiera interesarnos tanto la respuesta como
los beneficios que para la sociedad supone la existencia o no de empresas responsables.
Y llegamos al tercer elemento: la Administración Pública es el consumidor con mayor influencia sobre el mercado,
cuya contratación de obras, bienes y servicios supone un 16% del PIB. Considerando esta importancia y las exitosas experiencias, resulta obvia la utilización de la contratación pública con criterios sostenibles, como así lo ha recogido
la normativa pública de contratos, o el Congreso de los Diputados: "La compra y contratación públicas deben ser
claras herramientas para impular la RSE, enviando señales al mercado de que serán reconocidas y premiadas las
empresas que brindan a la sociedad un valor adicional en materia ambiental y/o social".
El enfoque consiste en conjugar la salvaguarda de principios como la libre concurrencia, con otros de carácter ético
y solidario en los procesos de licitación. Aunar unos y otros, lejos de resultar incompatible es racional, sinérgico e
incluso rentable económicamente. Imaginemos como ejemplo que los contratos públicos exijan o valoren la eficiencia energética, la contratación de personas con discapacidad, la estabilidad laboral o la perspectiva de género.
En suma, proponemos incorporar criterios éticos en la cadena de contratación: ciudadanos sensibilizados que
premian o ignoran a las empresas según su comportamiento, administraciones públicas que consideran el beneficio
social en la adjudicación de sus contratos, y empresas implicadas en las prioridades sociales de los grupos de interés
con los que interactúan. Si hace veinte años así se expandió la cultura de la calidad, es el momento de desarrollar
la calidad social y ambiental.

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10 Febrero 2007

Opinión. Le Monde Diplomatique

Febrero 2007. Numero 136

El proyecto inacabado de John Maynard Keynes

Otra organización del comercio internacional habría sido posible

Por SUSAN GEORGE

    Las negociaciones del ciclo de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC), emprendidas en 2001, han resultado un fracaso. Hay quienes en Europa proponen volver a un proteccionismo nacional o regional. Pero ¿por qué no adaptar a nuestro siglo la idea original de Keynes sobre una Organización Internacional del Comercio (OIC) que incluya el pleno empleo y el progreso social entre sus objetivos?

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    Blog dedicado al intercambio de información sobre el consumo en nuestro país, incidiendo en la necesidad de una educación y formación ciudadana sobre el consumo responsable a la vez de informar de las buenas y malas prácticas de las empresas. A partir del 26 de Abril Consumoresponsable inicia un proceso de reestructuración para adecuarse al marco del derecho de cita por lo que las informaciones no generadas directamente verán reducidos sus contenidos pero no la referencia principal y la difusión de la fuente. Tus comentarios y opiniones puedes enviarlas a consumoresponsable@orangemail.es Consultar condiciones de enlaces y servicio de noticias. Saludos JLR COMUNICACION ¡Recomienda esta página a tus amigos!
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