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Categoría: "Comercio justo"

7 Abril 2007

COMERCIO-KENIA. Artesanías libres de mala conciencia

Por Stephanie Nieuwoudt

NAIROBI, abr (IPS) - Los principios del comercio justo se distribuyen con equidad entre cientos de artesanos que trabajan para una tienda de la capital de Kenia orientada al turismo y las exportaciones, la única de este país sediento de oportunidades.

Es temprano en la mañana, y bulle de actividad la Tienda Undugu de Comercio Justo, en un centro comercial suburbano de Nairobi. Además de los pocos keniatas, están los turistas con sus obvias vestimentas safari, pantalones y camisas de color caqui y el infaltable sombrero que usan hasta bajo techo.

No se resisten a tocar las bellas tallas en piedra saponita, probarse los coloridos collares y aretes y elegir entre la variedad de bolsos en cuero y telas. "Adoro esta tienda y sé que ayuda a mejorar la vida de gente marginada", dice Christine Cahalan, misionera que eligió hace dos años a Kenia como su hogar.

"Las artesanías que se venden están bellamente hechas. Compro cosas para mí y para mis amigos que vienen del extranjero", dice Cahalan.

Susan Mathai, una abogada keniata, explica que los términos "undugu" y "comercio justo" en el cartel de entrada, la atrajeron cuando vino por primera vez, hace varios años.

"Undugu significa hermandad y solidaridad", dice y agrega: "Me gusta la idea de que las cosas que se ofrecen en este establecimiento estén de acuerdo con los valores del comercio justo". Ellos son transparencia y rendición de cuentas, pago justo y adecuado, equidad de género y fortalecimiento organizativo.

Pero la tienda Undugu es la única de Kenia. Según Fredrick Masinde, administrador general de la Unidad de Comercio Justo Undugu, es probable que sea la única de África certificada por la Federación Internacional de Comercio Alternativo (IFAT, por sus siglas en inglés).

El almacén es apenas uno de los proyectos de la Sociedad Undugu de Kenia (USK, por sus siglas en inglés), creada hace más de 30 años como un programa para ayudar a los niños de la calle por el sacerdote católico holandés Arnold Grol.

El trabajo con niñas y niños de la calle sigue siendo una de las actividades centrales de USK, pero el programa también incluye educación y capacitación, así como un proyecto de empoderamiento de la comunidad.

En toda Kenia, unas 800 familias, con un promedio de siete miembros cada una, viven de la Tienda Undugu de Comercio Justo. Además, actividades relativas generan otros cientos de beneficiarios. Al hablar con algunos de los artesanos proveedores de la tienda resulta claro que el proyecto ha mejorado sus vidas.

Mama Salome Oendo, de 53 años, se unió a Undugu hace 20 años. "Yo tenía un pequeño negocio donde vendía objetos en piedra saponita. Un día, una mujer de Undugu vino y compró algunas de mis piezas para llevar a Nairobi. No creí que la fuera a ver de nuevo, pero volvió la semana siguiente e hizo un pedido grande, y desde entonces trabajo constantemente para Undugu", rememoró.

"Gracias al dinero que gano vendiéndole a Undugu he podido pagar la educación de mis cuatro hijos, incluso uno pudo asistir a la universidad", agregó.

Ella recibe el dinero de las ventas directamente de la organización, eliminando los intermediarios que pagan una miseria y revenden a precios exorbitantes.

Ben Oreni, de 38 años, y Siango Masese, de 41, son proveedores de artesanías en saponita, y Oreni también vende objetos en piedra pómez. Ambos afirman que sus vidas han mejorado desde que iniciaron su relación con Undugu.

Oreni, oriundo de Nakuru en el Gran Valle de Rift, y Masese, del pequeño pueblo de Tabaza, a unos 400 kilómetros de Nairobi, se encuentran a menudo en talleres de Undugu, algunos de ellos en la capital.

Ambos crecieron anhelando algo mejor para sus vidas.

"Yo no fue muy pobre en mi infancia, pero usted sabe como son las cosas. Los niños siempre quieren ser más que sus padres", dice Oreni. "Una de mis metas era tener una casa con cimientos. Y gracias a Undugu lo logré", añade.

Masese también pudo acceder a una vivienda estable y costear el servicio de salud para su esposa y sus cuatro hijos. De acuerdo con Masinde, a los miembros de la red de proveedores tienen un ingreso mensual seguro de unos 350 dólares. En un país donde más de 50 por ciento de la población vive con menos de un dólar al día, esta suma es una fortuna.

"La cifra varía dependiendo del mercado. Como exportamos la mayoría de las artesanías, muchas veces debemos cumplir con grandes pedidos. Si recibimos uno de éstos, los proveedores ganan más", explica Masinde.

La tienda tiene una facturación anual de unos 468.000 dólares. La mayor parte de los ingresos provienen de las exportaciones a la Unión Europea y Estados Unidos.

Existe la expectativa de que la demanda de exportaciones crezca, lo cual aumentaría los ingresos. Es por ello que, "a través de nuestros talleres de capacitación y diseño, enfatizamos en que los artesanos piensen en términos del mercado internacional", afirma Masinde.

"Hacemos mucha investigación para asegurarnos de que estamos captando lo que quiere el mercado externo. Estas ideas son trasmitidas a los artesanos, de modo que estén aptos para desarrollar artículos que compitan internacionalmente. Hay una competencia reñida, por eso debemos estar al día con la demanda", puntualiza.

Del dinero que Undugu paga a los artesanos, éstos remuneran a sus empleados. Alex Mutua, de 49 años, un tallador de madera del costero pueblo de Mailini, dijo que tiene tres trabajadores contratados de manera permanente.

Juliana Katunge, una artesana de la madera y del cuero, además de joyera oriunda de Nairobi, afirma que emplea a cinco personas. Cuando hay mucho trabajo, tanto Mutua como Katunge contratan trabajadores temporales.

"Me siento orgullosa de poder ayudar a otra gente", afirma Katunge. "Me encanta que Undugu desarrolle periódicamente talleres. Los diseñadores nos ayudan con nuevas ideas y la interacción con ellos es para mí una fuente de inspiración". A los artesanos les gusta trabajar junto con sus empleados. "Esta es mi vestimenta de ciudad", dijo Oreni mostrando sus pantalones elegantes y brillantes zapatos negros. "Cuando estoy en Nakuru siempre visto overol. Constantemente estoy cubierto de polvo de las piedras. Parezco un fantasma. Antes de tener el pan sobre la mesa, tienes que trabajar con tu gente".

Mutua afirma que aunque la mayor parte de sus ingresos provienen del trabajo que hace para Undugu, la organización no pide exclusividad. "La mayoría de nosotros tenemos otros clientes. Esto es bueno porque cuando hay un descenso en los negocios de Undugu, podemos vender nuestros productos a otros".

A pesar de que los artesanos tienen en alta estima a Undugu, casi todos se quejan de que no siempre disponen de suficiente dinero en efectivo para comprar los materiales cuando llegan los pedidos. Preferirían recibir adelantos para adquirir los insumos.

"Estamos conscientes del problema", dice Masinde. "Estamos buscando una solución. Nuestros clientes internacionales a menudo pagan tres o cuatro meses después de despachada la mercancía. Por mucho que queramos pagar por adelantado, simplemente no es posible en esta etapa".

La tienda de comercio justo también afronta otro desafío: la creciente demanda de empleo. "Muchas de las familias que han trabajado con nosotros durante años tienen hijos mayores. Algunos de ellos no logran encontrar trabajo aun cuando hayan ido a la universidad, y piden ayuda a Undugu", explica Masinde.

"Este es un problema, ya que no siempre hay suficiente trabajo. Sin embargo, estamos buscando soluciones. Es obvio que debemos crecer, pero tenemos limitaciones financieras. Necesitamos hallar ideas creativas y encontrar nuevos mercados", puntualiza.

Tags: nairobi

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5 Abril 2007

En el comercio justo no todo vale

Al hablar de comercio justo ya no podemos referirnos a una perspectiva única del mismo. Si hasta hace pocos años prevalecía, en el Estado español, una sola visión del comercio justo dominada por las principales organizaciones que trabajaban este tema, la consolidación del movimiento y el planteamiento de nuevos debates ha generado otra perspectiva que trasciende la visión tradicional.
Esther Vivas, Xarxa de Consum Solidari

En estos momentos, el discurso único centrado en la producción en origen y en la necesidad de aumentar las ventas, como vía para ayudar a "los más pobres", se ha puesto en cuestión.

A medida que el movimiento ha ido creciendo y evolucionando ha aparecido otro enfoque que, partiendo de la definición tradicional, ha ido más allá señalando que el comercio justo es mucho más que un acto de ayuda. Se trata de una perspectiva que rompe con un análisis estrictamente "asistencialista" y que plantea un modelo de comercio justo transformador, oponiéndose a la venta de sus productos en grandes superficies y rechazando su uso como instrumento de márketing empresarial.

Dos polos de referencia

Así, se han ido configurando, a grandes rasgos, dos polos de referencia en el movimiento del comercio justo. Uno que podríamos denominar como tradicional y dominante, que parte de una definición del comercio justo basada en los criterios de producción en origen establecidos por este movimiento y cuenta con un discurso institucional y políticamente dominante, y otro que podemos llamar global y alternativo, que va más allá de esta perspectiva tradicional y que cuenta con una visión integral del comercio justo (desde la producción en origen hasta su distribución y venta final), y que establece alianzas con sectores del movimiento altermundialista.

Entre las organizaciones que lideran el polo tradicional y dominante destacaríamos a la mayor organización en el movimiento del comercio justo: Intermón Oxfam, la principal importadora y la que cuenta con más recursos económicos, seguida por la mayoría de importadoras y algunas o­nG, quienes comparten en mayor o menor medida su discurso. Es este polo el que ha impulsado uno de los instrumentos más polémicos en el sector, el sello del comercio justo. Una iniciativa promovida por un conjunto de organizaciones del movimiento como Alternativa 3, Cáritas, Setem, Intermón Oxfam, IDEAS... y que se enmarcan claramente en este polo de referencia.

En el polo "global y alternativo" encontramos pequeñas tiendas, puntos de venta, algunas importadoras y o­nG que se coordinan en el marco del Espacio por un Comercio Justo, como la Xarxa de Consum Solidari, Sodepaz, Espanica, A Cova da Terra, Picu Rabicu, Red de Comercio Justo de Castilla la Mancha, La Ceiba, Aldea del Sur, entre otras, y que muestran una total oposición al sello del comercio justo y a la venta de estos productos en grandes superficies.

La soberanía alimentaria

Otro de los elementos que diferencian a las organizaciones del polo global y alternativo de las del tradicional y dominante es la vinculación que las primeras hacen del comercio justo con la soberanía alimentaria, el derecho de los pueblos a decidir sus políticas agrícolas y alimentarias. Una postura que significa desmarcarse de una concepción asistencialista del comercio justo, como una mera transferencia económica Norte-Sur, y que implica que estos mismos criterios de justicia social se apliquen en nuestras actividades comerciales aquí (comercio justo Norte-Norte) y en los intercambios llevados a cabo en los países del Sur (comercio justo Sur- Sur). De este modo, no tiene sentido importar productos bajo unos criterios de comercio justo si éstos ya se elaboran aquí con componentes sociales y ecológicos equivalentes (como es el caso de la miel, el aceite o el vino).

En este sentido, el sector global y alternativo se siente partícipe del movimiento altermundialista y establece sólidas alianzas con algunos de sus actores claves como Vía Campesina. A la vez que trabaja junto a agricultoras/es y consumidoras/ es en campañas contra los transgénicos, a favor de la reforma agraria y de la producción agroecológica... vinculando el comercio justo a la defensa de la de la tierra, de las semillas y a la promoción de los circuitos cortos y el comercio de proximidad.

No a los supermercados

Otro de los elementos que diferencian a las organizaciones de ambos polos es el análisis que realizan respecto qué es y qué no es comercio justo y la relación que establecen con las grandes cadenas de distribución, así como su postura respecto a la venta de estos productos en las mismas.

Desde una óptica global y alternativa, el comercio justo no puede limitarse tan sólo a que un producto cumpla una serie de condiciones en la producción en origen. El comercio justo es mucho más que un listado de criterios, es todo un proceso comercial que incluye un amplio abanico de actores que participan en éste de principio a fin: campesinas/ os, productoras/es, transformadoras/ es, vendedoras/es, compradoras/es... Tan importante es dónde, quién y cómo se produce que dónde, quién y cómo se vende y se compra. Desde este punto de vista, se rechaza la venta de productos de comercio justo en grandes superficies y cadenas comerciales, quienes utilizan estas ventas como una estrategia de limpieza de imagen.

Las organizaciones que conforman el polo tradicional y dominante consideran que vender comercio justo en grandes cadenas y supermercados ayuda a difundir el concepto y a aumentar las ventas, lo cual significa más ayuda para los productores en el Sur. Pero el comercio justo no se limita a comprar y a vender más productos, aumentar las ventas a costa de comercializar estos productos en hipermercados y supermercados no ayudará a los pequeños productores del Sur sino, contrariamente, sólo beneficiará a las empresas multinacionales. No debemos olvidar que éstas venden una ínfima parte de sus mercancías de comercio justo, mientras que sus beneficios provienen de la venta de una mayoría de productos elaborados en base a la explotación de las y los productores, del abuso del medio ambiente y de la precarización de las condiciones laborales de las y los trabajadores.

Desde el sector global y alternativo consideramos que en el comercio justo no todo vale, que un comercio verdaderamente justo sólo será posible en un sistema político, económico y social que rompa con las políticas neoliberales. En un capitalismo de rostro humano en el que las desigualdades sean más sostenibles el comercio justo no tendrá cabida. En nuestras manos está escoger por qué modelo apostamos

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